Charlamos con Cristina Junquero

Publicado por el 16/07/2020

No sé si también os pasa, pero el joyero de mi familia gana valor cada vez que vuelvo a casa de mis padres. No porque haya subido el oro, tampoco porque haya un par de pendientes y 3 anillos más que cuando me fui a los 18, lo que le ha sumado valor es el tiempo que se ha volcado sobre él y sobre nosotros. Ese joyero lleva dentro nuestra historia, como un álbum que muestra mediante símbolos nuestra identidad: las fechas, las bodas, los nacimientos y las muertes; la historia de la familia sobre el terciopelo. Esclavas y anillos que actúan como activadores de recuerdos, motivo clave para multiplicar el valor de esos metales. Vale la pena alabar a los orfebres y artistas que mantienen viva esta tradición teniendo en cuenta la dedicación y el tiempo que lleva concebir una joya dentro del arquetipo de inmediatez que padecemos hoy.

Cristina Junquero (Chipiona, 1991) es un ejemplo clave de la orfebrería contemporánea, una artista y empresaria que usa este medio para expresarse y vivir sin poner diferencias entre ambos verbos. Su trabajo adapta la tradición al lenguaje actual, ese que no para de transformarse, pero sus joyas vienen para quedarse. Ella nos cuenta su cotidiano, el proceso de convertir una idea en joya y que cosas le han conducido a desarrollar su bonito talento.

Resumiendo mucho, ¿Cómo es el proceso de crear una joya? Idea, forma… ¿Cómo se fragua? ¿Qué herramientas son indispensables?

El proceso es bastante largo hasta que enseño una pieza acabada. Todo empieza con una investigación del tema que rodeará y formará parte de la nueva colección; normalmente esto es secreto y de ese tema se sacan cuatro o cinco conceptos que igual se explican en algún medio o en el propio statement, pero que en realidad tiene mucho más trayecto y que va hilando con los temas anteriores de otras colecciones. 

En base a esos temas saco, como he dicho antes, los conceptos sobre los que se harán las representaciones y a partir de ahí llega la parte divertida, que es hacer cada modelado en cera. Después de esos modelados se funden los primeros prototipos y se empiezan a montar todas las piezas finales. Algunas llegan a la colección final y otras se quedan en el camino. Esas piezas tamizadas de todo el proceso pasan a formar la colección y a partir de ahí se empieza la reproducción. Se funden los componentes, se sueldan y se chapan en caso de necesitarlo. 

Para todo esto, mis herramientas principales son todo el imaginario del que parto: documentales, joyas reales antiguas, imágenes, libros, etc… que realmente me dan vida para poder crear. A partir de aquí, para las representaciones, utilizo siempre mi soplete, que es mi herramienta favorita e infinitas herramientas del día a día. Por otro lado también está mi fundidor, que sin él sería imposible hacer mi trabajo tal cual es.

Tu taller está por el centro de Barcelona ¿Cómo es tu espacio de trabajo y la rutina en él? ¿El cliente puede ir a ver las joyas? Conseguir las herramientas de orfebre tiene que ser un logro.

Mi taller está en el Poblenou desde hace año y medio. Me vine desde el centro de Raval buscando un poco de tranquilidad y de cercanía con los artesanos con los que trabajo. Mi espacio es pequeñito y lo comparto con otra joyera y amiga, Sandra Llusà y con Claudia, quien me ayuda con el trabajo del día a día.   

En el espacio comparto toda mi maquinaria y mesa de trabajo con un expositor y mesa para atender al público, que es de las cosas que más me gustan hacer. Aquí también tengo reuniones para aquellos encargos personalizados y seguimientos de diseños de piezas concretas. 

Mi día a día siempre se compone de dos bloques (soy muy organizada). Por la mañana lo primero que hago es contestar mails y mensajes y enviar los pedidos online. A partir de ahí me siento en la mesa de joyero y empiezo con los encargos o piezas que haya que hacer. En paralelo Claudia siempre está atenta a las piezas que faltan en stock o tallas que haya que hacer de anillos. 

En cuanto a las herramientas, no es difícil si vives en una ciudad como Barcelona. Aquí hay mucha tradición y por ende, muchas empresas especializadas en el campo de la joyería, tanto proveedores como de herramientas o artesanos que realizan trabajos muy concretos dentro del amplio campo de la joyería.

El oficio de joyera lo llevas en la sangre, tus abuelos también eran joyeros en un paraje como Chipiona, donde quizás esté más arraigada aún la tradición de llevarlas. Has estado formándote en Bélgica y en más lugares, y en tus piezas hay una identidad que se ve de forma muy clara. Arte y esencia, fórmula que derrocha algo auténtico ¿Cómo influye en ti la tradición joyera? A nivel material, ¿Donde ves que se manifiesta más? ¿O quizás no vemos la influencia belga y nos quedamos con la nacional?

Crecí en la joyería de mis abuelos como ya he contado mil veces, hahaha. Ellos y mi madre han fundado un negocio que se dedica a vender joyas, pero no a la orfebrería como oficio. Yo desde pequeña perseguía el sueño de hacer mis propias joyas y salir de la tercera generación del negocio. 

Cuando tuve la edad para hacerlo, estudié Bellas Artes para poder tener una mínima capacidad de transformación de lo conceptual a lo físico, de aprender a leer, a investigar y a valorar el arte en la medida en la que pudiera, porque ya tenía claro que no iba a dedicarme a la joyería en sí, sino a mi propia joyería y que con ella contaría algo, me escuchasen o no. 

En el último año de carrera, tuve la oportunidad de hacer una beca en Amberes en el departamento de joyería de la Royal Academy y así aprender parte del oficio. Después de esto, me afinque en Barcelona porque realmente tenía demasiado claro por dónde iba a empezar y las ganas de hacerlo ya me mataban, así que me vine aquí a montarme el taller y a intentar arrancar. 

De Amberes tengo prácticamente todos los conocimientos de joyería porque aprendí muchísimo gracias al sistema educativo que tienen y a mis profesores que eran unos grandes profesionales, pero también aprendí la disciplina en el trabajo y la organización. 

La tradición joyera para mí lo es todo. He sido testigo de grandes historia detrás de piezas que no eran nada en particular y a la que la gente les da una importancia increíble. Tengo tantas anécdotas de la joyería, de cada pieza, de cada objeto que he visto salir de la tienda de mi familia, que no puedo parar aún de fascinarme. Valoro esa humildad que la gente tenía y que transmitía ahorrando durante mucho tiempo para tener sus anillos de boda o para preparar el ajuar de una novia. Lo anecdótico, lo cotidiano y lo mágico de la joyería tradicional, es lo que me tiene absolutamente atrapada.

¿Tienes predilección por alguna técnica artística? ¿Con qué metal u otro elemento te gusta trabajar más?

Tengo predilección por el oro, tanto por cualidades de dureza como de reciclado, significado y estética. En cuanto a la técnica, desde que empecé hasta ahora, he utilizado en todas mis piezas la cera de modelar dura y blanda y por ahora parece que me quedo con esa técnica.

Sintetizando, si te tuvieses que quedar con una sola cosa, ¿Con qué te quedas de tu aprendizaje por los Países Bajos y de tu experiencia en la joyería?

Si tuviera que quedarme con una sola cosa sería con la disciplina. Trabajé muchísimo tanto en la universidad como fuera para poder mantenerme en aquel país. Luché mucho y conseguí mucho también y así me demostré por primera vez y después de salir de mi carrera, que tenía capacidad para enfrentarme a lo que hoy día me enfrento al tener mi propia empresa. 

Después de esto, podría estar nombrando cosas buenas de Bélgica porque me quedé enamorada de cada situación y rincón del país.

Criarse tras el mostrador de una joyería o de cualquier sitio cara al público te da tablas para toda la vida. ¿Guardas alguna anécdota curiosa de cuando estabas allí?

Tengo mucho descaro a la hora de enfrentarme al público y es algo en lo que siempre he trabajado incluso después de haber salido del pueblo. En la tienda me he enfrentado a situaciones surrealistas y de todo tipo, pero una de las anécdotas que más recuerdo fue la primera vez que ayudé a mi madre a atender a Rocío Jurado. Ella venía a la tienda y era clienta de mi abuelo, y cuando yo tenía alrededor de 9 años vino a comprar algo (que no recuerdo), pero si recuerdo observarle las manos insistentemente. Tenía unas manos muy finas y largas y gesticulaba con ellas de una forma casi mágica. He sido siempre muy observadora y descarada y recuerdo a mi madre darme toquecitos para que dejara de mirarla y atendiera a lo que ella me estaba diciendo.

El packaging que usas me recuerda a la niñez, a las labores que veía pero nunca llegué a aprender. Esas bolsitas de tus joyas conjugan artesanía y melancolía ¿Quién las hace y en qué te inspiras?

El packaging de una pieza siempre me parece un reto igual de difícil que hacer la pieza en sí. Para mi el packaging tiene que representarte, ser ético, reutilizable y que la persona lo perciba como una extensión de la pieza que lleva. Llegar al packaging que tengo ahora ha sido una investigación nada fácil ni corta, y ha pasado por muchas manos hasta estabilizarse como otra producción que se lleva a cabo dentro de lo que Cristina Junquero es. 

La primera idea la desarrollé con mi amiga y sastra Diana Luque, a quien le dije que quería una bolsa tipo las que antiguamente se guardaban dentro de las costuras de las faldas o de la ropa y así juntas pensamos en unos primeros prototipos que ella me cosió. Juntas también empezamos a mirar por mercerías y tiendas de telas, ella en Madrid y yo en Barcelona, para buscar todos los componentes. Después de casi año y medio y de descartar a muchas personas encontré en otra amiga y costurera, Carmen Martín quien me cosería toda la producción de bolsas sin poner demasiadas pegas y sin aburrirse de hacerlo. Por lo tanto, yo me dedico a la búsqueda de los materiales, ella me dice que falta o de que tenemos mucho o poco y todo viaja hasta mi pueblo para que ella las confeccione una a una. El tándem de mujeres que conforman este proceso no me puede hacer sentir más orgullosa.

Son geniales las piezas que has sacado para María Pratts, ¿me cuentas un poco de que se trata y cómo ha sido el proceso para crearlas?

El proceso fue muy sencillo. María quería un anillo para ella y Alba que representara uno de sus dibujos. Para ello estuvo viniendo al taller y dibujando mientras hablábamos (María tiene una conversación increíblemente interesante) y de los dibujos, ella eligió lo que quería para los anillos. Después de eso yo preparé las dos ceras duras y vino al taller para ella misma, grabarlos antes de la fundición. Es una colaboración en toda regla y como tal, me hacía mucha ilusión que ella misma dibujara mis joyas.

Estás trabajando en una nueva colección, ¿podrías darnos un pequeño adelanto? ¿qué material será el protagonista? ¿Para cuándo te gustaría que estuviese?

La nueva colección espero que esté lista en enero. No tengo ninguna presión ni ninguna prisa porque si algo he aprendido en estos casi cuatro años que llevo, es que el ritmo, cuando se lo marca una, sabe mucho mejor, así que sin presiones voy haciendo piecitas y dibujando ideas en la pared de mi taller. Como siempre, será una variable de todo lo que he estado haciendo hasta ahora, pero esta vez será muy pequeñita porque quiero centrarme en piezas únicas que vayan saliendo a lo largo del año. El oro seguirá siendo protagonista y mi caligrafía y mis ‘dibujos’ creo que estarán más presentes que nunca. No lo sé porque igual cambio de opinión hasta entonces.

Ya para acabar unas preguntas trampa 🙂

  • ¿Qué persona y en qué momento te encantaría que llevara una de tus joyas?

Cualquier persona normal en el momento más cotidiano de su vida. No aspiro a grandes personalidades porque, para mí, siempre son personas normales.

  • ¿Qué joya nunca llevas y cuál no te puede faltar desde que te levantas?

Nunca me falta un brazalete que me regaló mi madre antes de irme a Amberes y que simboliza mucho para mí, ni mi cadena para las llaves. Nunca visto otros pendientes que no sean unos de recién nacida o unos aros. Si me sacas de ahí, prefiero ir mocha.

  • De pequeña querías ser…

Esta frase me emociona que te cagas, pero de pequeña soñaba con ser joyera.

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