Hablamos con Victoria Rivers, coordinadora de Urvanity

Publicado por el 26/03/2020

by Marta Aguilar

(Sábado, 7 de marzo de 2020)

La primera vez que conocí a Victoria fue en un restaurante de Chueca, en Madrid. Pero la conexión surgió realmente cerca de la Estupa budista probablemente más grande del mundo. En un barrio de Katmandú llamado Boudhanath. Compartimos habitación y nos sincronizamos un poco. Estoy muy agradecida por ese viaje, por esa conexión tan grande con el lugar y con las personas, entre ellas Vicky. Me llamó la atención la fuerza que transmite siempre, su detección de energías instantáneas, y un instinto aplastante. Una mente que a pesar de estar a mil revoluciones, sabe conectar los puntos, y además aguantar la última de cañas por Tirso. 

A veces me hago pasar por su doble y me sale muy bien. Como el fin de semana pasado, cuando me acerqué a la puerta de Urvanity, en Madrid, y apenas tuve que sacar el teléfono para llamarla, que ya estaba dentro. Con todo y con eso, y en un fugaz encuentro donde Vicky iba corriendo de un lado para otro en las últimas horas de feria, hablando con artistas, galeristas, y saliendo a la calle cuando empezó a llover a tapar una pieza importante, pudo hacerme una pequeña visita guiada en aquella muestra, que junto con las instalaciones de calle y murales, formaron parte de esta edición de 2020. 

Define lo que haces, tu profesión actual.

Comisaria y coordinadora de proyectos especialista en nuevos lenguajes artísticos y especializada en arte público. Actualmente directora de proyectos en Urvanity* y Urvanity Projects**.

*Feria internacional de nuevo arte contemporáneo 

**Plataforma de creación de proyectos culturales y artísticos que intenta hacer más transversal el arte para todo el mundo.

Define cómo te sientes ahora mismo mientras contestas a esta entrevista.

Es sábado por la mañana. Estoy escuchando a Ella Fitzgerald sentada en suelo mientras me da el sol en la cara. Me siento en calma. Después de haber cerrado feria hace apenas unos días aun tengo la mente y el cuerpo agotados. En realidad me gustaría estar en Lanzarote, buscando más tranquilidad.

El arte urbano tiene, y corrígeme si me equivoco, entre la mayoría del público general una connotación de rebeldía, de saltarse las normas, de lenguaje de la calle, de la cultura del graffiti y muchas veces se asocia solamente a los tags e incluso a algo antiestético. Hoy en día vemos ya muchos murales que inundan varias ciudades del mundo que son auténticas obras de arte, pero ¿cuánto de rebeldía, carácter social y de ir a contracorriente crees que tiene en la actualidad?

Efectivamente lo que comenzó siendo el tag y el rollo gangsta en las calles a finales de los años 70 principios de los 80 en NY y Philadelphia, no tiene nada que ver con lo que actualmente nosotros llamamos arte urbano. El graffiti nace con otro tipo de concepto, a través del tag, y un bombardeo masivo de ese nombre para plasmar el “yo estoy aquí”. Pero llega un momento donde se desarrollan otro tipo de intereses, y hay crews y personas en concreto que comienzan a establecer otro tipo de pautas, y esto evoluciona. Hay gente que de manera paralela empieza a desarrollar otro tipo de lenguajes: a través de un icono, o del color. ¡Tendríamos que estar horas para hablar de cómo todo esto ha ido evolucionando a lo largo del tiempo! (risas)

Por ejemplo, Keith Haring, la cabeza visible del arte urbano de los ochenta, fue una figura muy relevante en todo este movimiento, y a partir de ahí también se empezó a considerar muy legítimo ese lenguaje. El lienzo urbano acaba haciéndose accesible a todo el mundo. Ahora mismo el arte urbano se ha convertido en una demanda social. Todo esto ha conformado un imaginario y una necesidad que hace que el arte urbano forme parte de nuestras calles de manera totalmente indiscutible. Y sigue siendo social y político. Para hablar de esta diferencia de lenguajes yo recomiendo siempre un documental que se llama “Bomb It” y que habla de ese bombardeo de las calles y de esa evolución en el panorama internacional. El arte urbano para mi tiene que tener un objetivo común, y es llegar al corazón de los transeúntes que pasan por la calle y completan esa experiencia. 

¿Cómo crees tú que tendría que ser esa relación?

Actualmente me interesan mucho esos artistas que se basan en el propio lugar de intervención, aquellos que investigan y que se preocupan por saber quién vende el café en el barrio, y que quiere saber qué pasa ahí. Si vas a un lugar a intervenir tienes que tener un respeto implícito, hacia el muro y hacia la gente que convive a su alrededor. Creo que el territorio inmediato de un lugar de intervención es de las cosas más valiosas que tiene ese muro. Creo en aquellos proyectos que hablan de los lugares, de lo que está sucediendo. 

¿Cuántos años llevas en el mundo del arte?

Me licencié en historia del arte, y he trabajado en absolutamente todo relacionado con la profesión: desde vender entradas en un museo, hasta ser guía, he trabajado en salas de exposiciones de fundaciones y bancos, en festivales, dentro de galerías de arte contemporáneo, he trabajado en ferias, y he sido freelance durante mucho tiempo como coordinadora artística. En torno a unos 17 años (tengo 35).

¿Qué es lo que más te ha aportado a nivel personal y qué es lo más sacrificado?

A nivel personal lo que ocurre es que si te quieres dedicar a esto, y más en el panorama nacional donde no hay muchas opciones, o te tienes que marchar fuera para que legitimen tu labor, o lo luchas mucho, o tienes que trabajar en otras cosas para poder vivir. La gente suele agotarse, y todos hemos vivido un poco esa sensación. La cultura todavía no se considera como un ente importantísimo dentro de la sociedad, la cultura. Yo siempre he sido muy cabezota, y siempre me he formado más en aquello que me gustaba, y por tanto se mucho de lo mío y me he especializado en el arte urbano. Gracias a experiencias laborales muy positivas también. 

¿Sacrificado? muchísimo. Te plantas con 30 años y no tienes un sueldo digno como quizá el resto de tus amigos que se han dedicado a alguna “carrera de provecho”. Pero el empeño y los sueños hacen que al final todo salga. El sacrificio está en todas partes, que además somos mujeres. Todos los días, gracias a que en mi entorno de amistades, somos grandes mujeres las gestoras, cada vez es menos habitual. Pero llevo muchos años teniendo que legitimar el hecho de que “la jefa soy yo”. Siempre ha aparecido alguien, al que le he explicado algo y que mira a mi compañero pensando que es él quien tiene que dar la contestación y no yo. El sacrificio viene cuando buscas un crecimiento profesional, y hay muchas cosas que tienes que dejar de lado por el camino.

En cuanto a qué me ha aportado a mi el arte, no es que me aporte, es que forma parte de mi. Mi cabeza no para de crear pero porque me dedico a mi pasión, y en mi tiempo libre voy a ver arte, y escucho música, y el arte y la música forman parte de mí, de cómo veo la vida. ¡No sé ni qué contestar porque para mi es algo natural!

¿Cuál ha sido la obra/proyecto con el que más has disfrutado a lo largo toda tu carrera?

No hay proyectos perfectos. De hecho después de estar surfeando una buena obra, luego la resaca es grande, y hay proyectos increíbles a los que luego te cuesta volver a mirar a la cara. Me suelo sentir siempre más orgullosa del equipo con el que trabajo que del proyecto en sí. Todo mujeres por cierto. Cada proyecto ha sido especial, y posiblemente uno de los disgustos más grandes a nivel laboral fue un proyecto en Nepal en el que creía mucho y que se quedó en el camino. La vida es sabia y cuando suceden cosas es por algo. Así que a veces cuando estás surfeando la ola, tienes que disfrutarlo mucho, pero tienes que estar preparado para la resaca.

Llevas organizando Urvanity ya 3 años. ¿Dónde radica su punto fuerte y por qué crees que puede ser importante que la sociedad en Madrid venga y lo conozca?

Urvanity se ha posicionado como una feria paralela, hemos salido de hecho ahora en prensa como la feria más fresca de la semana del arte de Madrid. Este año teníamos 30 galerías internacionales, y lo que nos diferencia es que llevamos el arte al espacio público tenemos un programa de instalaciones y muros en el centro de Madrid. Durante el año la labor de Urvanityes la creación de proyectos culturales a través de financiación privada la gran mayoría de los casos (marcas, fundaciones…), para re-brandings, ideas, conceptos, a través del arte. Urvanity se ha dado cuenta de que había un gran vacío y que había que hablar y trabajar esas nuevas líneas. Algo que es de un valor incalculable, teniendo en cuenta que estamos hablando de España, donde tienes que estar explicando a qué te dedicas a menudo, e intentar que la respuesta no sea “¡ay qué divertido!”. 

Urvanity es una cita muy importante para todos aquellos amantes del arte, gente que viene de la cultura urbana , y coleccionistas que quieren saber qué pasa en la escena internacional actual a través del arte. Esta fue la cuarta edición de la feria, y mi tercera. Y personalmente estoy muy orgullosa de esta edición, de la asistencia de la gente, el feedback, y de lo que hemos sido capaces de crear en tan poco tiempo. 

¿Cuál fue tu pieza favorita este año y por qué?

Dentro de esta edición de la feria, de las obras que más me han gustado y de las artistas que yo creo que mayor proyección tienen, es Ana Barriga. Ha formado parte de la galería Yusto Giner, también tuvo presencia en ARCO y le fue súper bien. Creo que tiene un potencial increíble. También me encantaron las obras de Sawe de la galería B-Murals. Y siempre me va a “latir la patata” con obras de artistas como Zest, Franco Fasoli, o Jan Kaláb

¿Eres de esas personas que conecta con el lugar en el que vive o es un simple espacio físico donde estar de paso?

Esto depende del momento vital. Suelo conectar más con las personas que habitan los lugares que con los lugares en sí mismos. Hay lugares que a su vez, a nivel energético, te sientan mejor que otros. Yo digo mucho que no es lo mismo vivir en una habitación con ventanas que sin ellas. O vivir en un lugar con arte o sin ella. Creo que es esencial.

¿Qué obras cuelgan ahora mismo de tus paredes?

Me mudé hace relativamente pronto y ahora mismo no tengo obras de arte en las paredes. La casa está totalmente diáfana, salvo por una estantería que es mi pequeña jungla, donde hay una flecha de Daniel Muñoz que formó parte un festival en Besançon. Fue lo primero que desembalé. También ahí tengo una obra de Luce preciosa, una cerámica de Faes, de  Gr170, máscaras de viajes, y libros, muchos libros. 

¿Qué tienes en tu mesilla de noche?

Mi mesilla de noche siempre ha sido un lugar muy importante. Siempre me leo ⅔ libros al mismo tiempo. Raymond Carver nunca falta en mi mesilla, es uno de mis escritores favoritos. En concreto me estoy leyendo “Si me necesitas, llámame”, y “Rituales cotidianos: Cómo trabajan los artistas” de Mason Currey. Un testimonio de rituales cotidianos de mujeres artistas de todo tipo de disciplinas donde habla de sus de manías, necesidades, adicciones, etc. Me parece que es maravilloso. Tengo varios cristales de cuarzo, una magnetita, una Lakshmi para traer fortuna, y unas cajitas con cosas de viaje y buenas energías.

¿Eres más de museos o galerías?

Una galería en pocas ocasiones va a poder hacer una línea de comisariado a nivel historiográfico. La financiación es lo que es, cuando voy a una galería (que es muy a menudo) veo la obra monográfica de un artista, y cuando voy a un museo voy buscando otra cosa. Hace dos meses viajé a Londres para ver en museo la obra de Olafur Eliasson, uno de mis artistas favoritos, y eso es algo que no podría ver nunca en un circuito de galería. Creo que hay que ser de ambos. 

¿Cuál es tu relación con el color?

Mi relación con el color se basa en una sinestesia continua de sensaciones, armonía… Como cuando ves una obra de Rothko, o pintores neoyorkinos, que de repente te trasladan a otro mundo. Me gusta mucho la ausencia de color. Una de mis obras favoritas del mundo es Blanco sobre Blanco de Malevich, y esto no quiere decir que las obras que me llevaría a casa fueran esas, pero son las que me transmiten mayor paz, pureza y armonía. Hay colores que me dan una energía especial. Como el rayo azul o el verde. El color es siempre espiritual y así lo percibo.

¿Qué vas a hacer justo ahora, cuando termines esta entrevista?

Tenía varias cosas en mente, estaba pensando en ir al Museo de Ciencias Naturales, y a ver la exposición de artistas norteamericanos en el Juan March… Pero no se muy bien si quedarme en el sofá leyendo y empezar a pensar un plan. Y esta noche a lo mejor hay que salir a bailar y celebrar.

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