MIX & MATCH: pintura y música, altogether

Publicado por el 17/12/2020
Marina Iglesias

¿Alguna vez habéis pensado en cómo sería visitar un museo, una galería, una exposición, donde pudieras acercarte a un cuadro, pulsar un botón y escuchar internamente una canción que acompañara todo el significado de una obra instantáneamente?

Seguramente sí, y seguramente tu curiosidad se pondría alerta, también, y eso te obligaría a quedarte quieto observando, más tiempo. Ése tiempo incómodo que todo el mundo cronometra nerviosamente, para sí, sin saber exactamente cuándo dejar de mirar un cuadro y seguir moviéndose para detenerse en el siguiente. Admítelo. Tú tampoco sabes cuánto es el tiempo necesario (o políticamente correcto) para no parecer más o menos entendido en en el arte (!).

Con una solución así en un museo, con un límite de tiempo que marcara la propia canción frente a una pintura, todo esto resultaría más fácil, y nadie se sentiría incómodo. De hecho, quizá, se vería a la gente disfrutando el doble. O entendiéndolo mejor.

 

 

Es muy probable que ya existan curators a cargo de dichas experiencias futuristas que, probablemente, sean unas de las mejores profesiones creativas del mundo. Conocemos el rol del music supervisor, lo más cercano a ello hoy día: un oficio en cine y medios audiovisuales cada vez más oficializado y reconocido en el sector. El music supervisor es aquel que elige que en la inquietante opening scene de Infiltrados de Scorsese suene Gimme Shelter de los Rolling Stones y que junto con la voz en off de Jack Nicholson, tal intro sea suficiente para obligarte a quedarte sentado y encogido dentro de su historia; o que para la mítica película The Royal Tennenbaums dirigida por Wes Anderson se escogiera con gran minuciosidad el clásico de jazz infantil Christmas Time is Here de Vince Guarald Trio (de aquellas inolvidables navidades de Charlie Brown) con el fin de envolver magistralmente en un aura nostálgica una escena con Margot (Gwyneth Paltrow) y su padre, Royal (Gene Hackman), tomando un Sundae en una sala de té decadente pero preciosa, demostrando por enésima vez cómo de importante es para el director esa difícil escisión entre la infancia y el mundo adulto, y quién juega a ser quién. 

Visuales y melodía van de la mano, no existen una sin la otra, y cada vez es más difícil separarlas si no quieres perder la atención. Revelan el doble si saben escogerse bien, y son toda una declaración de intenciones en la era Z, donde (true story) prima el déficit de atención.

Entonces, ¿qué ocurre con las obras estáticas? ¿Las que cuelgan de un mural o las que se descubren en un libro de colección? ¿Se acerca el momento en que existan algoritmos para asociar artistas musicales que traduzcan al segundo el contenido de una pintura en tu mente? Actualmente, crece el número de autores que se divierten incluyendo en sus libros de arte un extra digital directo a sus propias playlists con handpicked music para que recorras su obra como un viaje con distintas paradas.

Marina Iglesias

Aquí, hemos hecho una selección de arte + música para contagiar sonidos en tu mente al observar la obra de estas artistas, de modo orgánico, donde descubras cómo de lejos (más, si cabe) podrían llegar sus pinturas en tu subconsciente con el estímulo de una buena canción. Bienvenidas y bienvenidos al Mix & Match de las ilustradoras y las voces del 2020. Sin algoritmos aleatorios, aparte, aquí no necesitas fingir interés en la sala, sólo dejarte llevar:

 

MARINA IGLESIAS x FLEET FOXES

El mundo de esta pintora gaditana asentada en Valencia recorre un imaginario donde la esencia renacentista envuelve paisajes sobrenaturales en leyendas, mitos o fábulas pastorales. La fuerza pictórica de Marina Iglesias no ha dejado indiferente precisamente a la escena musical, donde reconocidas bandas nacionales como Tórtel han escogido sus obras para representar sus discos (La Tormenta, El Jardín). 

Lienzos intensos y una mirada inteligente, curiosa y porqué no, valiente, a criaturas fantásticas, escenarios intrigantes, casi apocalípticos y originales pero al mismo tiempo, con ecos tan profundos del arte primitivo, flamenco y renacentista -sus influencias principales como pintora – antes de la Ilustración. Marina es una artista en constante búsqueda, y la música del compositor griego Vangelis o la investigación sobre la evolución humana son algunas de sus grandes devociones. Nos impresiona su destreza filosófica y detallista (bien podría haber sido alumna de Van Eyck en la Escuela de Amberes) por el uso de contrastes penetrantes en sus pinturas y el naturalismo que estas desprenden.

¿Quién podría firmar una de las próximas portadas de Fleet Foxes? ¿Qué música saldría de un cuadro de Marina Iglesias?

A la banda de Seattle capitaneada por el carismático Robin Pecknold se les reconoce también por sus míticas y majestuosas portadas de discos, donde la naturaleza dual, fantasmal y luminosa al mismo tiempo, siempre cobra vida y protagoniza a la perfección su colección de canciones. En su imaginación no faltan valles, secuoyas, crudas montañas y vigorosos ríos del noroeste americano que fluyen entre prados bucólicos. Su cuarto y último disco, Shore (2020), quizá el más importante y complejo de su carrera, ha contagiado una ola de optimismo y calidez a sus seguidores y una corriente creciente de nuevos listeners ante la latente incertidumbre de este año, aun habiéndose escrito de profundis: Pecknold es precisamente una figura en la música que ha sabido levantar su voz para concienciar sobre la importancia y la prevención sobre las enfermedades mentales, especialmente la depresión, contra la que él mismo ha luchado durante años. 

Canciones sobre viajes y naturaleza mitológica, melodías que hablan sobre vagar por vastos paisajes abruptos, letras que cantarían en coro rústicos granjeros y labradores del campo, armonías legadas de los montes. O de los extraños confines de la Tierra. Hagamos la prueba:

 

FAURA HOUSE x MAYA HAWKE

Aïda B Faura (Barcelona) es una de las artistas que más nos ha gustado descubrir este año. Su nacimiento llegó durante el confinamiento, y desde entonces su colección de ilustraciones y pinturas no ha dejado de sorprendernos. Aïda representa la sensibilidad alegre, la familiaridad, la protección, la herencia templada de Matisse o Gauguin, también traducida a escenas costumbristas, luminosas y tan personales que te llenan de ternura. Nos encanta esa sensación de intimidad que te invade cuando las protagonistas de sus obras en gouache casi bailan de verdad ante ti en bar de pueblo en Latinoamérica, en paisajes floridos tropicales de día o de noche o en aguas del sud-este asiático. Faura insiste en la magia colorista y también en lo sagrado de la naturaleza: Animales y plantas siempre acompañando a sus personajes femeninas de tez morena, habilidad cromática y expresiva como su segundo gran estandarte, y un universo interior en calma lleno de sueños. Tal es así que su biografía en IG se describe a la perfección: Painter of people and places, magical, real, and dreamed”.

Para acompañar el arte de Faura House, Maya Hawke nos inspira. Elegimos a la joven Hawke (fruto de una de las parejas del cine más emblemáticas de los 90, Ethan Hawke y Uma Thurman) y pese a que resulte innegable el talento heredado de sus padres, la trayectoria de Maya no tiene nada que envidiarles por sí sola. Su nuevo disco, Blush (2020), te coge de la mano y te lleva a días claros y te habla de tú a tú de sus sentimientos, siempre veraz; del sosiego y la auto-generosidad al sentir tus propias palabras tal y como quieres decirlas. La joven música y actriz (la has visto en Stranger Things o en Once Upon a Time in Hollywood) comparte con Faura la frescura, la dulzura, la madurez emocional que crece sin complejos o trabas como una enredadera en libertad, y un arte que es capaz de contagiar pureza y cura, como una nana que te mece bajo una jacaranda. Deseos y sueños que compartir, quizá, para que éstos ganen en claridad.

 

ISABELLE DE FELIU x HANIA RANI

Isabelle de Feliu es la reina del daydreaming. La pintora, de origen hondureño, criada en Québec y residente en Oslo, representa la ilustración onírica preciosista con tal maestría que es todo un fenómeno de redes. Re-descubriéndonos enclaves exóticos, a veces inquietantes, Isabelle se deja llevar entre colores pastel y reconoce que a través de sus obras su humor es capaz de transformarse y sentirse positiva. Sus estados de ánimo te llevan a piscinas aguamarina en lugares perdidos y áridos de Marruecos, sueños de oasis donde sus personajes, sobretodo femeninos, nadan y bucean de noche junto a pulpos y cangrejos en las aguas de Roatán (Honduras) cuando se levanta la marea, corales o caracolas que te llevan por sus escaleras áureas hacia lo desconocido (está muy presente el coquillage): un firmamento surrealista de patios soleados rodeados de palmeras y aloes, dunas y lunas con caras impasibles, paraísos mágicos donde nacen jardines suculentos – un amor a todos esos orígenes multiculturales a los que pertenece, o a los que viaja física o introspectivamente. A veces, dicho firmamento con reminiscencias lejanas a Dalí te llega como un augurio, a veces como un sueño corto ligero, pero casi siempre evoca sensaciones cálidas. No te pierdas sus pies de foto.

La quietud, la contemplación, el concepto de lejanía, el conflicto interno o la tibieza de una melodía del multi-galardonado Home (2020), el nuevo disco de la pianista y compositora polaca Hania Rani, invitaría a abrir la puerta del universo De Feliu en un abrir y cerrar de ojos. Un álbum verosímil, meticuloso, minimalista pero de impacto sofisticado: así se muestra la compleja personalidad de Hania, una música hambrienta de exploración y cuyo arduo trabajo al piano, grabado en su propia casa, combina loops infinitos de notas que se mezclan incesantemente como gotas de agua cristalina en una ventana empañada, con texturas vocales y elementos suaves de electrónica sutil que la realzan. Con influencias visibles de Phillip Glass, Nils Frahm u Ólafur Arnalds, la velocidad sensitiva de Hania tiene el mismo mensaje que las pinturas de Isabelle: piezas donde lo meditativo galopa sin importarle mucho a qué rincón llegará, mientras galope a algún lugar y se convierta finalmente en esa experiencia definitiva gracias a la cual anhelarás experiencias similares en el futuro… Sobriedad arropadora.

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