Por qué el feminismo también necesita voces de hombre

Publicado por el 29/10/2020

“Los niños no lloran”, “ahora eres el hombre de la casa”, “pegas como una chica”, “nenaza” o “el rosa es un color de niñas” son todas expresiones que hemos escuchado en numerosas ocasiones. Y todas ellas forman parte de la denominada masculinidad tóxica.

Hablar de sentimientos, expresar o explorar nuevas posibilidades emocionales son cosas que tenemos muy bien interiorizadas si somos mujeres, pero esto es diferente para los hombres. Ser hombre puede implicar vivir condicionado por la violencia que te impone el sistema patriarcal o por la ansiedad que te provocan las expectativas sobre tu virilidad sexual. Muchas veces son predisposiciones que se forjan en los vínculos establecidos en la propia infancia, en la que nuestra personalidad comienza a conformarse y asienta las bases de la persona que vamos a ser.

 

Sobre esto nos habla, en parte, MAN UP, una obra de Teatro En Vilo estrenada el pasado diciembre en el Centro Dramático Nacional y que a día de hoy continúa su gira por algunos puntos de España. “El reto es desenmascarar el relato tradicional de la masculinidad y los referentes culturales que rigen los estándares de la hombría”, defienden las creadoras Andrea Jiménez y Noemi Rodríguez. Ambas dirigen y actúan junto a un reparto de cinco hombres que plantean un cuestionamiento acerca de qué significa ser hombre. Fernando Delgado-Hierro, Pablo Gallego Boutou, Alberto Jo Lee, Juan Paños y Baldo Ruiz se embarcan en un viaje hacia el mismo centro de sus propias identidades, buscando entre los recovecos algún resquicio de liberación emocional y auto-aceptación. La compañía, a través de la ironía y una propuesta enérgica, baila, canta, se expone, llora, dialoga, reflexiona, se divierte y conmueve. Una interesante invitación a sentir y emocionarse.

 

 

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La masculinidad tóxica es un concepto bastante desconocido, pero está esencialmente presente en nuestra sociedad y, en consecuencia, en la manera en la que nos relacionamos. Proyectos como MAN UP son solo una excusa más para abrir nuestros horizontes, apartar los prejuicios y comenzar a relatar un nuevo discurso alrededor de la emocionalidad masculina. Y, tal y como dice Chimanda Ngozi Adichie, autora de (entre otros títulos) Todos deberíamos ser feministas: “el problema del género es que prescribe cómo debemos ser, en vez de reconocer quiénes somos.”

Así, parece necesario escuchar más voces de hombres, en toda su diversidad, expresándose. Y es necesario normalizarlo.

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